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Mostrando entradas de abril, 2009

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Por segundo año, esta Asociación celebra, conmemora el día del libro con voz , pensamiento y empeño de mujer. El día 23 de Abril, nuestro punto de lectura en la Biblioteca Fernando de Loaces, inaugurado el año anterior, se vió desbordado de literatura feminista y femenina, aporte que agradecemos a la encargada de su gestión. Al día siguiente, nuestra humilde pero acogedora casa Entretodas, se llenó de actividad multicolor, diferente y complementaria. Escritoras que repusieron en nuestra memoria hechos históricos que aún nos duelen, y a los que no podemos renunciar. Picada enmedio, para reponer fuerzas y estirar el cuerpo. Y una velada musical entre flamenco, bulerias, fandanguillos, y fados, que acabaron poniendo el cuerpo a punto haciéndolo saborear la noche al completo. Y recogida de fuerzas para continuar en este camino, que cada vez vemos más claro.

Safo: la poetisa más antigua

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Safo, la poetisa más antigua de la historia europea, nació en Lesbos, probablemente en Mitilene, la ciudad más importante de la isla, en torno al año 600 antes de Cristo. Su poesía, destinada a ser cantada con el acompañamiento de una lira, surge como correlato a "La casa de Las Musas", asociación femenina desdicada a Afrodita, diosa del amor, que Safo dirigía. La obra de Safo es una de las cumbres de la poesía universal, entre sus admiradores se encuentran autores de renombre como Platón, Petrarca, Ronsard, Leopardi, Byron, o Rilque. Aquí van algunos de sus poemas: De la hermosa luna los astros cerca hacia atrás ocultan luciente el rostro cuando aquella brilla del todo llena sobre la tierra. y echo yo de menos y ansiosa busco. y sobre un blando colchón tenderé yo mis miembros... Me ha agitado el amor los sentidos como en el monte se arroja a los pinos el viento. ...Yo te buscaba y llegaste, y has refrescado mi alma que ardía de ausencia. Me he enamorado de tí hace, Ati

Marcela defiende su libertad

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—No vengo, ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho —respondió Marcela— , sino a volver por mí misma y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me culpan; y, así, ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir «Quiérote por her